La sociedad del otro

Es interesante el fenómeno de cómo se desarrolla la coyuntura social en nuestro país. Hoy en día vemos como el patrón que siguen todas las demandas sociales están dados por una enajenación a la inevitable amalgama que constituye la fisiología de nuestro entorno cultural.

La visión que se prodiga es una suerte de segmentación en el catálogo social, algo así como un Mar Rojo dividido que deja en un lado a los delincuentes de la calle y por el otro a los corruptos de elegantes oficinas, quedando en medio y a merced de esto grupos “el honesto ciudadano”.

sadfogawehsdf[1]

Lo curioso es esta tendencia a construir un hombre de paja en “los otros” que contienen todo lo pérfido y nefasto para el país que queremos (bajo ese prisma de la otredad se supone que todos queremos lo mismo) y obviamos lo que en nuestra vereda, entre nuestros pares, genera la misma suspicacia.

Porque según parece no son ellos contra nosotros, sino que existe un nivel de fraude, cinismo y abuso a todas las escalas de nuestra sociedad, transgresiones que quedan delimitadas solamente por el poder de acción o la influencia que tiene el sujeto: El que emite boletas falsas para obtener ventajas monetarias, el que se realiza un autoatentado para cobrar un seguro aprovechándose de la tensión actual[1], el camionero que roba combustible a medias con el dependiente de la bomba de bencina, la pareja que finge una separación para obtener becas para los hijos, el colectivero que no le da el vuelto del pasaje a los niños pequeños, la mujer que simula un embarazo para adelantar la fila del banco, y así podría enumerar infinitas acciones que van desde los más claros delitos, hasta esos pequeños atentados a la decencia y que se convierten en el sumidero de la desconfianza y la desfachatez con que todos juzgan con la esperanza de no ser juzgados.

Lo más llamativo tras esto, es que todo el mundo va a tener una justificación para su actuar. El hombre que estafaba gente en el Paseo Ahumada con el pepito paga doble decía que “todos los días se levanta un idiota, mi trabajo es encontrarlo”. Entonces su actuar era validado por la inocencia de los transeúntes. Con su fraude cobraba una especie de impuesto a la estupidez. Y como él todos encuentran algo que atenúa o defiende su manera de actuar, pero así mismo y en una voltereta digna del mundial de gimnasia olímpica hacen imperdonables las fechorías de los demás.

Eso es lo curioso con la sociedad del otro, pedimos mano dura para los demás y nos justificamos a nosotros mismos, siempre somos el honesto ciudadano, aunque eduquemos a nuestros hijos replicando la misma hipocresía, las mismas mañas y “vivezas” que cuando el otro desenfunda en contra nuestra, nos preocupan y escandalizan.

Para ver más: ¿Quién vigila a los vigilantes?

[1] Primeros sentenciados por autotentados en la araucanía: http://www.emol.com/noticias/Nacional/2015/07/02/724151/Hallan-culpables-de-autoatentado-a-transpostistas-en-La-Araucania.html

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