¿Quién vigila a los vigilantes? Segunda parte: Inmunodeficiencia económica adquirida

 

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“En el tercer mundo hay muchos niños y poco combustible fósil… algo habrá que quemar”

Grant Morrison, Los Invisibles.

Si usted se espantó con el epígrafe (sinceramente espero que así sea) debería preguntarse cuántas veces ha escuchado y asentido ante la afirmación “hay que hacer sacrificios por el progreso”. Puede que la frase le parezca natural y hasta obvia y si lo invito nuevamente al epígrafe podemos preguntarnos ¿dónde ponemos el límite a ese sacrificio?

En la segunda versión de esta serie de columnas pretendemos abordar la economía y quienes la controlan, tomando decisiones que inciden directamente en nuestra forma de vida, no solo en los productos que ofrecen, que suelen volverse rápidamente “necesidades” imperiosas de personas ávidas de identidad y sentido, sino aquellos grupos que amasan el modelo económico. Por eso mismo pido disculpas si mi fraseo toca más de una vez la realidad política que, aunque de ella pretendo hablar en una próxima edición, a veces la línea que separa estos mundos es bastante difusa.

La economía es lo más parecido a un “alma” que tiene la cultura occidental. De hecho casi la convierte en un ser vivo, con sus flujos de dinero y bienes, sus grandes venas; sus recesiones, crecimientos, estabilidades y crisis que son la salud de este proyecto emprendido hace ya varios siglos entre el vapor de la revolución industrial. El problema dentro de este gran animal está en su sistema inmunológico, los acuerdos, la regulación y la fiscalización, todas herramientas dedicadas a proteger el sistema económico de los elementos abusivos y desestabilizadores que según hemos visto en el último tiempo, ha mostrado fallas en todo occidente, llegando a los límites de la inmunodeficiencia.

Si uno asumía que la libre competencia permitía que el mercado se autorregulara, tal como fervientemente el señor Milton Friedman prodigaba en sus discursos, el caso de la colusión de las farmacias echó por tierra tan bondadosos augurios. La gente vio como aquellas grandes empresas, luego de dejar en peligro de extinción a las farmacias de barrio, decidieron fijar de común acuerdo precios absolutamente irrisorios a sus productos y dado que no había competencia real frente a estos titanes, la gente compraba al precio que se les impusiera, pues era su salud la que estaba en juego, siendo tal vez esto último lo que causó más repudio entre los afectados. Y sobre ello, las multas ridículas, que terminan siendo un incentivo a las malas prácticas si consideramos los dividendos exponencialmente superiores obtenidos por los coludidos, parecen ser uno de los muchos síntomas de la enfermedad que apuntamos anteriormente, sobre todo porque aún “destapándose la olla” en silencio y con el rabo entre las piernas hubo que seguir comprándoles porque las alternativas habían quebrado hace años. Los costos del progreso.

Luego vino el turno del retail. Casos como el de La Polar o el más reciente Cencosud que llenaron los titulares y de los que se escribieron cientos de columnas que solo hablaban de lo que era más o menos inevitable: si no se pone el cascabel al gato, éste siempre robará la comida. Vemos cómo ante la guardia baja de la gente en el control de sus cuentas y del Estado a la hora de vigilarlas, se pasaron cobros indebidos que trajeron nuevamente la decepción sobre estos que nos ofrecían “llegar y llevar”, que “la felicidad cueste menos” y otras consignas varias que apuntan a lo preocupados que están de sus clientes. Seamos sinceros, nadie espera que los empresarios sean filántropos, pero se espera la honestidad mínima para darle al sistema ese aire de reciprocidad que se nos ofrece en los comerciales. A todos les molesta (o debería molestarles) sentirse una vaca ordeñada hasta el raquitismo por juntas de accionistas implacables a la hora de aprovechar la ignorancia de sus usuarios.

A continuación viene el caso Banco Estado, ese que se suponía era de todos los chilenos, con su patito bonachón que siempre aparecía a salvar al necesitado ofreciendo los mejores “creditazos”. Ya parecía anómalo que las becas de los universitarios llegaran con trescientos pesos menos por culpa del costo del giro en la cuenta RUT, pero de ahí a todo el escándalo que se presentó por los cobros excesivos, eso es otra cosa. Y cuando las denuncias comenzaron a salir, cuando la Corte Suprema se pronunció y los parlamentarios señalaron que se consideraban insuficientes las facultades de la Superintendencia de Bancos e Instituciones financieras para lidiar con situaciones como ésta, aparece el señor Jorge Awad, presidente de la asociación de bancos diciendo “No voy a aceptar que se siga jugando con el prestigio y los valores de la banca” como si de una amenaza se tratase o fueran imputaciones antojadizas. A pesar de las declaraciones en que Awad decía que no existían abusos de parte de los bancos, hace un par de días Banco Estado se allanó a devolver los dineros cobrados injustamente, devolver qué dineros ¿no era que no había ningún cobro abusivo?

Pero de todos los casos, el que parece más perturbador es el escándalo de la diputada Isasi, en que una empresa, Corpesca, vinculada directamente a la ley de pesca aprobada hace tan poco tiempo después de una difícil discusión en el Congreso, entregó una suma de varios millones de pesos a la diputada, quien confirmó la situación bajo la excusa de que el monto que recibió fue considerablemente menor. Agentes de Corpesca entraban a las reuniones privadas de la comisión encargada del proyecto en calidad de asesores de Isasi por lo que tuvieron una extraña pero directa participación en la aprobación de la norma calificada por algunos como funesta. Lo grave acá no es el monto de la donación, coima, diezmo o como se quiera llamarlo sino lo que esta situación representa: la incertidumbre de saber para quién se legisla hoy en Chile, para quien da el voto, o el hombre del maletín brillante que llega a las reuniones a plantear el poderoso argumento del “incentivo económico” para imponer sus intereses a los de los supuestos representados por el poder legislativo.

Y ahora volvemos a la sensación de vulnerabilidad, vemos a muchos privados desbandados, cobrando lo que quieren, cuando quieren y a quién quieren pues la posibilidad de defensa es casi nula del consumidor desinformado y atorado en una rutina de consumo que lo fuerza a endeudarse, un Estado incapaz de frenar los abusos con una fiscalización escasa, una capacidad de ejecución limitada (basta ver las facultades del SERNAC) y una legislación amenazada por la intromisión de la mafia lobbysta que busca moldear la ley a conveniencia. En síntesis, lo más cercano al SIDA que puede padecer una economía.

Será que estamos hilando muy fino, pidiendo mucho, como dijo hace unos días el empresario Sven Von Appen, que los chilenos se están volviendo hambrientos, que las buenas cifras económicas nos están llevando a ponernos cómodos y a exigir más de lo que merecemos, o simplemente nos estamos haciendo más preguntas y aspiramos a encontrarnos con un país en el que todos ganen, en que el banquero cobre sus intereses, el empresario obtenga sus ganancias y que la gente común pueda dormir tranquila sabiendo que la Redcompra no viene envenenada.

Entonces cuál es el límite a la paciencia de la gente en miras a las necesidades de una economía emergente, cuando se mira cada mes las boletas llenas de detalles sospechosos, contratos en un lenguaje indescifrable y comerciales que nos hacen sentir obsoletos en cuanto llegamos con nuestro producto nuevo a casa: ¿esperaremos a que la inmunodeficiencia de los fiscalizadores y legisladores se presenten en una situación tan absurda como la del epígrafe? ¿Solo ahí miraremos al techo  preguntándonos quién vigila a los vigilantes?

 

*Publicado en Revista Nuevo Distrito el 22 de mayo de 2013

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¿Quién vigila a los vigilantes? Primera Parte: “Duerme tranquila, niña inocente”

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“Quis custodiet ipsos custodes”

Juvenal, poeta romano

No es gratuito que esta columna se titule con ese cliché, pues los acontecimientos actuales nos han retrotraído a las preguntas clásicas respecto a la legitimidad, el raciocinio y la diligencia de aquellas instituciones que se muestran como custodias de nuestra seguridad y catalizadores eficientes de la paz social y la vida en comunidad. Esas que nos cuidan la espalda o los bolsillos. En esta serie de columnas tocaremos esos tópicos, los conflictos políticos que toman fuerza en época de elecciones, los abusos de parte de las entidades financieras y en la presente, la negligencia de las fuerzas de orden que suponen un manejo deficiente, malintencionado o una difusa mezcla de ambos.

El cuestionamiento surge de los eventos ocurridos en la última marcha estudiantil, en la que se atribuye a la Policía de Investigaciones el secuestro de un estudiante. No una detención ilegal, sino un secuestro, con bolsa en la cabeza, ahorcamiento, golpes y luego el amedrentamiento para acceder a su Facebook en busca de información que parecía relevante para la investigación policial, olvidando todo respeto por la integridad del afectado. Uno comienza a preguntarse, de ser verdad, de dónde surgen las órdenes, en qué terrorífica reunión de oficiales se discuten estos procedimientos, qué pasa por la mente de los agentes cuando cumplen dócilmente con sus funciones pacificadoras. Sobre todo porque las explicaciones ofrecidas por la institución apuntan a que el joven habría estado cometiendo un delito flagrante y habría sido detenido por ello (cargos que no prosperaron ante tribunales), sin desmentir siquiera los malos tratos tildados de “tortura “por los cercanos al menor y los testigos del procedimiento.

Pero el cuestionamiento no acaba ahí. Recuerdo la detención de una joven universitaria que estaba pidiendo dinero en el contexto del mechoneo y que ante un control de identidad fue conducida en un grotesco forcejeo, frente a los reclamos de los transeúntes que no veían en la joven amenaza alguna al orden público. Ella, evidentemente no portaba documentos, debido a la naturaleza de los mechoneos universitarios, lo que solo habla de un despropósito y un descriterio de parte de los funcionarios policiales.

Ahora bien, podemos detenernos en el actuar de las fuerzas de orden y sumar y seguir con casos de detenciones abiertamente ilegales. Tal es el caso de una abogada que se opuso a una detención, a su juicio ilegítima, y que la condujo a terminar ella misma detenida de la forma más absurda según explica en su relato posterior de los hechos[1]. El caso de multas absurdas, como la de aquel mechón que fue infraccionado por “lucrar sin autorización” al pedir monedas a los transeúntes, vestido con una bolsa de basura negra (por cierto una abierta burla a las demandas estudiantiles sobre el tema económico en materia educativa). Todas cuestiones que dejan un amargo sabor a impotencia en los labios, incapaces muchas veces de articular objeciones por miedo a una represalia escudada en un uniforme, amedrentando a quienes piden unas monedas o venden en la calle mientras se guarda un pusilánime silencio frente a grotescos abusos y millonarios robos en el sistema público.

Estas situaciones plantean más preguntas que respuestas. Es de manifiesto que no todos los funcionarios policiales actúan agresivamente ni cometen fechorías contra quienes han jurado proteger, pero aún los hechos descritos en párrafos anteriores catalogados de “excepciones” son causal suficiente para preguntarse qué facultades tienen las personas para oponerse a una detención ilegal, o aunque legal, abiertamente desmedida.

Y la actuación irregular no se limita a la ciudadanía externa al sistema judicial y policial sino inclusive a quienes tienen potestades de control frente a la autoridad policial. Tal es el caso de la agresión física y verbal que varios fiscales acusaron recibir al intervenir en presuntos hechos de violencia con estudiantes que se presentaron en la formalización del menor supuestamente secuestrado del que hablamos en los párrafos anteriores. Frente a este hecho es el propio Ministro del Interior Andrés Chadwick quien señala que “no se tolerarán actitudes como estas”, sin embargo el diagnóstico más atingente lo hace la asociación nacional de fiscales quien en un comunicado oficial respecto a esta situación sostiene “Que se agreda verbal o de hecho a un fiscal y que esta agresión sea realizada por personal policial, el cual luego se burla de un juez de la República, no sólo genera en toda la comunidad  una sensación de absoluto desamparo frente a los posibles abusos policiales, sino que también pone en jaque el estado democrático de derecho”, preocupante análisis al que nos vemos en la necesidad de adherir a la luz de los antecedentes antes descritos[2].

Entonces, mientras comienzo a cerrar esta columna escucho el sonido de una aplanadora de una faena cercana a mi casa y me pregunto si en el país no está pasando un poco lo mismo. Escuchamos el ruido y nos disgusta, pero no nos estamos preguntando qué es lo que está quedando sepultado bajo la implacable rueda de la cotidianeidad. La incompetencia y el abuso están diezmando nuestra voluntad, mientras que la anestesia inane de las supuestas investigaciones internas terminan con funcionarios trasladados, como si la prepotencia ofuscara menos en Arica que en Santiago.

El título cobra sentido cuando cada día el panorama parece un capítulo de literatura Orwelliana, que en su tiempo representaba una crítica al comunismo de la época, y vemos que el capitalismo imperante hoy no se ve muy diferente y parece adolecer de las mismas infecciones según hemos visto.

Recuerdo cuando en la universidad hablábamos de Rousseau y el Contrato Social, algunos en broma decían que no habían firmado nada y que no se les preguntó, que ya no quieren ser parte de ese acuerdo en estas condiciones. Precisamente en ese momento deja de ser una broma. Las personas se miran temerosas unas a otras, mientras suben al estudiante a un vehículo sin identificación alguna, sin poderle decir que no al Leviatán  mientras sus agentes le sueltan un golpe y recordamos que el hombre es un lobo para el hombre y que ese supuesto contrato social no es más que un bozal para prevenirnos de las mordidas recíprocas. Pero ese bozal se le quita solo a algunos que tienen el poder de imponer su verdad, el golpe no se puede dar de vuelta por legítimo que parezca y entonces la gente se pregunta con un dejo de desaliento: ¿quién vigila a los vigilantes?

*publicado en revista Nuevo Distrito el 13 de mayo de 2013

 


[1] Ver testimonio publicado en: http://goo.gl/fN6Bf

[2] Ver la declaración in extenso: http://goo.gl/58NMT

Nueva Ley de constitución de sociedades: “Tu empresa en un día” y por internet

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    El 8 de junio del año 2010 se dio el primer paso de un proyecto que buscaba agilizar el trámite para la constitución de personas jurídicas, en un afán de impulsar la creación de PYMES y dar un empuje al emprendimiento comercial propio de la visión gremialista del actual gobierno.

    En febrero del presente año luego de una discusión sin mayores inconvenientes en el Congreso, se publicó en el diario oficial la ley Nº 20.659[1] que contiene la nueva ley, seguida por el Decreto 45[2] del Ministerio de Economía que regula la forma en que se simplificará este trámite.

    Ahora, a lo interesante: el proceso de constitución será esencialmente virtual, al acceder a la páginahttp://www.tuempresaenundia.cl/ podremos iniciar sin mayor demora la creación de nuestra persona jurídica o empresa.

    Los requisitos generales para poder utilizar la herramienta son tres:

–          Registrarse en el sitio web: ingresar los datos personales de los socios para individualizarlos y llenar los formularios

–          Poseer Firma Electrónica Avanzada: esto es una gran novedad, y podría parecer extraño sobre todo para las personas que no poseen un manejo avanzado de los medios digitales, pero no vale la pena preocuparse pues, en la misma página se redirecciona rápidamente a los proveedores acreditados de este servicio. El inconveniente: este servicio no es gratuito y alcanza valores cercanos a los $18.000 al año y cada socio debe tener una FEA.

–           En caso de no tener FEA: surge una alternativa para aquellos que no tengan una firma electrónica avanzada pero obliga a salir del computador. Se deben llenar igualmente los formularios con los datos de los socios y el sistema le asignará un “número de atención” con él deben ir los socios y firmar ante notario quien luego usará su propio FEA para dar por constituida la sociedad y se le asignará la personalidad jurídica (RUT de la empresa).

    Si bien estos son los requisitos básicos, existen otros según el trámite que se quiera realizar, pues la gama de procesos es variada y van desde la constitución de la sociedad propiamente tal (la modificación, transformación, fusión, división de la misma), hasta la posibilidad de disolver la sociedad, rectificar errores o sanear la misma.

    Ahora bien, como todo en la vida, y sobre todo en la legislación nacional, nada es tan maravilloso. Solo quienes quieran constituir sociedades de responsabilidad limitada podrán comenzar a usar esta herramienta desde el mes de mayo de este año, las empresas individuales de responsabilidad limitada deberán esperar hasta octubre y las demás hasta el mes de junio del próximo año.

    Otro contra podemos verlo en la autonomía real que tendrán los sujetos para utilizar esta herramienta. Si bien antes era necesaria la gestión de abogados o estudiantes de Derecho, quienes tenían el nicho en la asesoría frente a la burocracia del sistema antiguo, ahora serán otros quienes se sumen y ofrezcan la asesoría virtual a las personas que carezcan del ya mencionado manejo virtual. De hecho, las mismas empresas autorizadas por el Ministerio para entregar la firma electrónica ya ofrecen en sus sitios planes y servicios de asesoría para utilizar la nueva herramienta. Quizá en este punto, programas de capacitación en TICs para empresarios emergentes podrían lograr un mejor aprovechamiento de la disminución de costos, pues entre pagarle a un asesor de internet o a un abogado podría no haber, en la práctica, una mayor diferencia.

    Teniendo los antecedentes en mano, solo resta esperar los resultados de esta iniciativa, que sin duda parece ser una buena noticia para el empresariado emergente, reduciendo en principio los costos aparejados a la creación de sociedades y el tiempo que esto tomaba. Tal como reza el nombre de la página: “Tu empresa en un día”.

    Ahora, a esperar que incentivos como estos sean acompañados de medidas que promuevan la sustentabilidad de las Pymes, para que resistan los embates de una economía difícil porque de nada sirve poder crear un pequeño negocio de forma rápida si la tendencia monopólica del mercado chileno,  vista en los últimos años en casos emblemáticos, hará que éstas colapsen tan rápido como se constituyen: “en un día”.

 


[1] Ver nueva ley en la página de la biblioteca del Congreso: http://bcn.cl/199yw

[2] Reglamento: http://bcn.cl/1aw8n

 

Publicado el 7 de mayo en Revista digital Nuevo Distrito

Melodías Insólitas

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    A la misma edad que Beethoven compuso su primera sinfonía, yo me atravesaba un clavo en el pie derecho tras un paso descuidado y mi alarido fue lo más cercano que estuve a crear música en ese atolondrado octavo año de vida.

 

    Sin embargo, uno pronto comprende que la música es el ambiente. No por nada instrumentos como la flauta dulce y el didjeridú (los instrumentos de viento más antiguos que se conocen) nacieron para imitar el canto de las aves el primero y el sonido ubicuo del viento el segundo.

 

    La maravilla de una melodía es secreta, nadie siente lo mismo con las notas que se entremezclan en fórmulas curiosas, una alquimia hermética que pertenece a cada uno, la voz de la amada, el relincho de un caballo que evoca aventuras de antaño, todo tiene una connotación musical, el universo es una melodía constante y eso no es sólo poesía barata, la física ha demostrado lo que egipcios con taparrabos dijeron seis mil años antes: Todo vibra, y la vibración es melodía, ya sea que nuestro nimios oídos lo perciban o no.

 

    La onomatopeya fue la base del lenguaje, música, no por nada el lobo en inglés se dice “Wolf” que si lo repetimos de forma alargada no es sino el aullido de este canido, o la palabra “crepitar” que es exactamente el sonido que hace la electricidad de alta tensión, o más dulcemente evoca el sonido de la aguja sobre el disco que danza monótono en la victrola.

 

    Entonces ¿por qué es tan fascinante para nosotros encontrarnos sumergidos noches enteras en una melodía u otra? ¿Por qué el escritor en sequía busca en la música un estímulo para su creatividad atrofiada?

 

   Porque la música es más que un concepto o un arte, es la sensación que corroe la plenitud del ser y lo entrega al cambio, porque un grito de guerra es la melodía magnífica del oprimido, porque la desafinada voz de una madre calma a un niño perdido en la angustia de la noche, porque sumergidos en la voz del todo, la música es sin duda la prístina sangre del viento.

Títeres

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He visto niños soldados y soldados infantiles

He divisado las cornisas con sus lienzos

Y garabatear los muros de verdades

Pero los he visto también manoseados

Abrazados por el manto del halago

De la sonrisa traicionera de la avispa

Que marca el paso aguijoneando en lo siniestro

Ocultando bajo alas de decencia

La codicia de sillones y gobiernos

 

He visto caer esos niños

Apaleados por hermanos y sus padres

Defendiendo una creencia férrea

Mientra los titiriteros mofan de su error iluso

 

Cuando el día acabe y la jornada muestre el triunfo o la derrota

Veremos a esos títeres reventados entre las aspas de las deudas

De los odios, de la cesantía y las promesas evanescentes

Esa moledora de carne implacable

Que comenzará a tirar los hilos

Y el titiritero aún riendo cortará esas cuerdas

Y dejará a esos infantes perderse

Como los dispensables peones

Del ajedrez de la mentira.

Hacia Tierra Santa

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Toman el metal entre los dedos

sudan sus manos cuando marchan a la guerra

son sus convicciones

quienes absorben el miedo

 

No temen a la afrenta y conocen sus plegarias

rezan y cantan cuando el infiel se ve a lo lejos

sus armas aguardan férreas

pues luchar por la fe es un privilegio

Inmisericordes son las cruzadas de los barrios

los credos claman sangre

Cuando eres del Colo o de la U

en el lugar equivocado

 

Nuestras batallas son las calles

los gramos

las minas

la rutina

en las cruzadas marchamos

matamos

y morimos

en las cruzadas nunca

sabemos bien por qué.

Aborto terapéutico: Esclavitud impuesta por ley.

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                 Resulta inverosímil el nivel de los argumentos esgrimidos durante la presente semana sobre el tema de la discusión en el Congreso sobre el aborto terapeútico. Las posturas que califican de “abortistas” (como si de un genocida se tratara) a quienes están de acuerdo con la existencia de dicha posibilidad ante un embarazo que pone en riesgo la vida de la mujer parecen infundadas, dado que, como señala lúcidamente el profesor Antonio Bascuñan en una columna hace ya cuatro años “Nadie es partidario del aborto. Nadie considera como un hecho personal o socialmente deseable que una mujer embarazada consienta en la interrupción de su embarazo y que esto último suceda. El término “abortista” designa una clase vacía.”

                Se plantea el asunto como si de aprobarse esta medida, las mujeres fueran a abalanzarse a los centros médicos más cercanos a interrumpir sus embarazos, lo que claramente, vista las estadísticas de los países (que en occidente son la mayoría menos cinco entre los cuales se cuenta Chile y el Vaticano) en que dicha situación es legal no es así. Nunca es fácil para una madre decidir terminar con un embarazo, sobre todo si el hijo es deseado y el desarrollo embrionario del mismo promueve una serie de problemas que llegan incluso al riesgo de muerte de la madre, quien obligada por el Estado, debe hacerse cargo del peligro de una muerte doble.

                Luego vemos como es incipiente la imposibilidad de que la mujer pueda decidir sobre su propio cuerpo, lo que sin duda es violencia de género cuando el hombre, incapaz de experimentar la experiencia materna, no se ve obligado a acatar la misma intransigencia legal. Parafraseando al mismo profesor Bascuñan, no es cabal señalar por un lado, que es válido para un hombre matar a otro cuando se está frente a un caso de legítima defensa no lo sea cuando la vida de la madre se ve amenazada por otro ser que le está llevando a la muerte.

                No es posible aceptar por un lado, que personas que por un lado son partidarias de la pena de muerte, que socialmente se olvidan de la dignidad de la vida haciendo todo lo posible porque el niño nazca, pero una vez que este lo hace queda en un total desamparo muchas veces con mamás adolescentes incapaces de sostener a su hijo, abandonados por su familia y la sociedad, y que por otro se mantenga el mismo perfil en que una sociedad de por sí desigual con las mujeres, en que trabajan percibiendo por el mismo trabajo cerca de un 30% menos de remuneración que los hombres, que tienen que competir en una vida laboral intensa, haciéndose cargo además del hogar, con la crianza de los niños asociadas por una mentalidad dominadora y patriarcal, además deban lidiar con la imposición legal de un embarazo, que la esclaviza bajo ninguna posibilidad de elección.

                Por último ocupando la misma frase de la senadora Ena Von Baer, de la que tanto se ha hecho mofa los últimos días, cuando dice que la mujer debe hacerse responsable puesto es quien “presta el cuerpo”, debemos tener en mente que cuando alguien presta una cosa, tiene todo el derecho de reclamar que se le devuelva si es que dicho objeto está siendo destruido. Así las cosas, el aborto terapéutico no es más que el legítimo reclamo de una mujer sobre su cuerpo, que está siendo dañado por el ser que, con su permiso o no, se aloja en su matriz.

Publicado en marzo del 2012 en Diario digital Unión del Ranco.